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Elecciones 2016: ¿A quién debemos elegir?

 

Las calles de Lima nos dicen cada día que el proceso electoral para elegir al próximo presidente del Perú ha llegado a su recta final. En nuestro país la elección de autoridades es un deber obligatorio que se castiga con multa a los que no concurren a votar; si no fuera así, probablemente pasaría algo similar a lo ocurrido en países como Colombia, donde se eligió al presidente Santos con menos del 50% de participación de los votantes hace algunos años.

Desarrollar los valores cívicos y formar a ciudadanos responsables es parte de nuestra tarea formativa. Si queremos que nuestros estudiantes sean peruanos comprometidos con la marcha de su país debemos, desde ahora, darles la oportunidad de participar en los procesos y las decisiones que les conciernen directamente por su calidad de estudiantes. Las sociedades modernas se caracterizan por un alto nivel de participación de la sociedad civil a través de distintas formas de organización y no solo a través del voto, por esta razón nuestros alumnos deben vivir experiencias significativas que vayan desarrollando su participación, liderazgo y compromiso con la realidad en la que crecen.

Es en este marco que hace un par de semanas hemos vivido la elección del Consejo Estudiantil de primaria alta y de secundaria, experiencia que ha movilizado a profesores y estudiantes con el objetivo de realizar un proceso electoral que guarde todas las características propias a su naturaleza democrática. El Consejo Estudiantil figura en nuestro nuevo organigrama como un órgano de consulta de la Dirección, por lo que su tarea principal es recoger la voz del alumnado para llevarla a las autoridades y generar un canal de comunicación y coordinación permanente; así también, la directiva elegida tiene la tarea de organizar las actividades e iniciativas que propusieron en campaña y durante el debate.

En la misma línea, nosotros como adultos, el próximo domingo tenemos la oportunidad de participar activamente en una elección trascendental para nuestro país. Es cierto que este proceso es particularmente lamentable y está lleno de cuestionamientos, tanto a candidatos como al propio sistema electoral y sus autoridades; sin embargo, igual tenemos una responsabilidad que afrontar.

Elegir por quién votar debería tomarnos tiempo y esfuerzo de investigación, sin embrago, muchas veces preferimos dejarnos llevar por lo que fácilmente llega a nosotros a través de los medios de comunicación o las redes sociales, sin percatarnos que esos medios también actúan como filtros de lo que quieren que conozcamos. Por esta razón, me pareció interesante el ejercicio propuesto por el periodista Pedro Francke en un artículo que leí hace poco. En síntesis, lo que propone es someter a los candidatos de nuestra preferencia a las siguientes cuatro preguntas: 1. ¿Quién tiene las manos limpias?, 2. ¿Quién ha hecho una gestión eficiente?, 3. ¿Quién defiende la democracia y las libertades? y por último 4. ¿Quién promueve la justicia social y una mejor distribución de las oportunidades? Probablemente se nos ocurren varias preguntas más, pero coincido con el autor en que estas cuatro nos sitúan en temas medulares para lo que significa la gestión pública.

Veamos, la primera pregunta nos lleva directamente a un mal endémico en nuestro país, la corrupción. Problema que está tan enraizado como para que algunos se atrevan a “consentir” su existencia a cambio de que “se haga obra”. Si queremos iniciar un verdadero proceso de cambio deberíamos comenzar por escoger candidatos que salgan bien y comprobadamente librados de esta primera pregunta.

La segunda pregunta nos lleva directamente al plano de la gestión y la experiencia. Los administradores sabemos que la tarea administrativa debe ser eficaz y eficiente, es decir, debe alcanzarse los objetivos optimizando el uso de los recursos, sean humanos, tecnológicos, económicos o financieros, más aún si son públicos. Es ahí donde la experiencia laboral y los cargos desempeñados pesan, sobre todo por las particularidades del sistema burocrático.

La tercera nos traslada al mundo de las creencias políticas y los valores que defendemos. La historia ha demostrado que los autoritarismos y la represión nos llevan al fracaso. Los candidatos, a mi entender, deben haber demostrado a lo largo de su vida que creen firmemente en la democracia y la lucha por las libertades.

Finalmente, la última pregunta nos permitirá saber cuál es la idea de desarrollo que los candidatos tienen: aquélla que se basa solo en los aspectos económicos sin importar nada más, o aquélla que entiende el desarrollo como un balance sostenible entre los aspectos económicos, ambientales y sociales. El Perú necesita líderes que, a mi parecer, promuevan una justicia social basada en la lucha contra la pobreza y la inclusión, paralela a un crecimiento económico sostenido y con un celoso cuidado de los recursos naturales. Un real desarrollo sostenible que vela por las generaciones futuras y su posibilidad de satisfacer sus propias necesidades.

Ojalá nos tomemos el tiempo para realizar este pequeño análisis de tal forma que nos aseguremos de que nuestra elección es fruto de un discernimiento apropiado y no de una reacción emotiva ante tanta información difundida.

Fraternalmente,

 

Bruno Espinoza Huby

Director