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El valor de la honradez en el SNJ

La esencia de nuestra propuesta educativa radica en que queremos formar personas en todo el sentido de la palabra, desde una mirada integral y sobre la base de los valores humano cristianos. De ese conjunto de valores hoy quiero referirme a uno en especial: la honradez.

En nuestro país, dados los altísimos niveles de corrupción que tenemos y la relativización cotidiana que hacemos de las cosas, parecería ingenuo hablar de honradez; sin embargo, creo que para nuestro colegio es una responsabilidad impostergable enfrentar este tema. No podemos cerrar los ojos a las diversas situaciones que en el Santísimo se presentan: tomar las cosas ajenas, que no aparezcan cosas perdidas, no decir la verdad o buscar el camino fácil del plagio.

La palabra honradez según el diccionario es la integridad al obrar; tiene que ver con la práctica del honor, con el respeto a sí mismo y a los demás. Es actuar con coherencia, conciliar las palabras con los hechos, requisito fundamental para una sana convivencia y la construcción de la amistad.

A continuación les alcanzo una lista de comportamientos que encontré en un artículo para padres y que nos pueden ayudar a traducir en acciones concretas este importante valor.

La honradez es:

  • Actuar decentemente y en armonía con el cuerpo, la mente y los actos.
  • Administrar bien los bienes encomendados, tanto personales, familiares, empresariales o colectivos.
  • Aprovechar el tiempo sin engañar a los maestros, padres o jefes.
  • Cumplir la palabra dada.
  • Decir la verdad, aunque pueda traer problemas.
  • Declarar los impuestos que correspondan.
  • Devolver lo que nos han prestado, aunque sean cosas con poco valor.
  • Devolver lo que se ha encontrado.
  • Devolver lo que se ha robado, material o inmaterial, aunque no se hayan dado cuenta o no lo exijan.
  • Fomentar la ética personal, laboral y académica en las actuaciones.
  • Mantener la conciencia limpia y formada para poder actuar sin prejuicios.
  • No adelantarse en las filas de espera.
  • No aprovecharse de la ignorancia de otros.
  • No copiar en los exámenes.
  • No copiar los trabajos de otros.
  • No hacer trampas en los deportes, ni en los juegos, ni en los negocios.
  • No mentir ni levantar falsos testimonios, que quiten la fama de otros.
  • No robar, nada, aunque sea de poco valor.
  • Pagar todas las deudas.
  • Poner un precio justo, cuando vendemos o compramos.
  • Ser honrado con las disculpas, las ofrecidas y las recibidas.
  • Ser íntegros con las ideas y los hechos.
  • Ser justo en las decisiones.
  • Ser rectos en la forma de vida interna y externa.
  • Utilizar sin abusar los bienes públicos, puestos a nuestra disposición.

 

En una institución educativa, colocar más cámaras, cerrar con llave o poner sanciones más drásticas, son medidas que ayudan pero no solucionan el problema de fondo. Necesitamos que padres, estudiantes, colaboradores, profesores y directivos, dediquemos tiempo para reflexionar sobre nuestros comportamientos y desterrar todos aquéllos que carecen de integridad.

Debemos tener presente que los valores se adquieren por “contagio diario”, es decir, solo el ejemplo es capaz de transmitirlos. La honradez cuanto más se ejercita, más se convierte en costumbre, luego en  hábito y después en virtud. Es imprescindible que seamos muy exigentes pues las desviaciones a los comportamientos que hemos listado pueden también convertirse en hábito y luego en vicio.

La honradez es una apuesta a largo plazo; nos puede dar la impresión de que el deshonesto, el “vivo” o el tramposo son los que ganan, pero a la larga siempre pierden. El que actúa con honestidad genera confianza y relaciones armoniosas, duraderas, basadas en la verdad.

 

Fraternalmente,

 

Bruno Espinoza Huby
Director