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Juego, deporte y competencia ¡Vamos Santísimo!

Una de las características más saltantes en un niño es su disposición para el juego. Siempre, acompañado de una sonrisa, él disfruta cada cosa que hace y es capaz de transformar todo en juego. Con reglas, sin ellas, solo, en grupo, parece a veces difícil reconocer en que momento pierde esa alegría.

El deporte asume esta cualidad del niño, le agrega determinadas instrucciones o reglas y lo ayuda a crecer en muchas capacidades como son la aceptación de normas, el manejo de las emociones, la tolerancia a la frustración, el buen manejo de los triunfos y las derrotas, el buen espíritu de competencia, etc.

El niño disfruta el deporte; muchas veces encuentra en él una oportunidad para demostrarse y demostrar que es más fuerte, más rápido, más hábil. Y en esta práctica estamos los adultos inmersos. Sólo tenemos que imaginar o recordar cómo goza un niño cuando juega con su papá, con su mamá, con un tío o con un abuelo. En esos momentos son los seres más felices de la tierra.

Ese juego que en un momento se transforma en competencia no tiene por qué dejar de ser disfrutado. Es verdad que cuando se compite existen algunos factores que incrementan el estrés natural que puede producir un juego común y corriente. Cuando compite, el niño se siente observado, siente que el medio espera más de él, aparece una idea más marcada de lo que él espera de sí mismo, etc. Todo ello puede que se transforme además en una carga de responsabilidad.

Increíblemente,  dependiendo de cómo maneje el niño esta carga seguirá o no disfrutando el juego. Lo manejará muy bien cuando está listo para sobreponerse a ese estrés adicional; cuando la responsabilidad que él siente en la competencia y el temor a fallar no superen a la seguridad que él tiene de sí mismo, de sus posibilidades y de lo que piensen los demás de él.

Entonces, esa inseguridad natural que aparece en el niño que empieza a asumir una responsabilidad adicional al competir, es una gran oportunidad para nosotros los adultos que queremos acompañarlos y que deseamos de todo corazón ayudarlos. Ese apoyo será recibido por él, además del acompañamiento a las prácticas, en los mensajes que les podamos dar y que contribuyan a darles seguridad.

Podemos mencionar algunos casos que no ayuden en esa línea de darles seguridad. Por ejemplo, como comentamos,  es una realidad que para el niño el sentirse observado cuando compite es una carga extra y si esa observación es acompañada en el adulto con excesiva expectativa, o ansiedad, o angustia, o fastidio, o incluso pérdida de control, el estrés en él será aún mayor y lo que podríamos pensar que tuvo una idea inicial de aliento o interés de motivación se transformó sin mala voluntad en negatividad.

ajedrezEl adulto es una imagen fuerte para el niño. Si es alguien al que quiere mucho lo buscará siempre con la mirada y lo buscará mucho más si no es frecuente su presencia. Esto es algo inevitable. Por eso es muy bueno acompañarlo de manera frecuente en su deporte y que el niño considere su presencia como algo normal. Si en un encuentro de mayor responsabilidad como puede ser una final o la disputa de algún premio aparece de improviso un adulto al que el niño quiere, su atención que normalmente la tiene en la competencia quedará compartida con una atención adicional a la tribuna, justo en un día clave. Aumentará su distracción, su estrés y es bastante probable que no se logre el resultado.

Existen muchos casos de buena voluntad pero que no contribuyen a aliviar ese estrés y que al contrario puede que lo agranden. Sin embargo, que bien que le hace al niño ver que el adulto que lo acompaña disfruta con él el juego, que se divierte hasta de sus caídas y que no sufre con las derrotas, que de verdad cree y está seguro que el mayor esfuerzo es lo más importante, no porque lo pregona sino porque lo entiende y lo percibe ya que es un experto en interpretar el lenguaje corporal. Nuestra conversación acompañada de aliento, alegría y seguridad puede ayudarlo mucho.

Somos un colegio de deportistas y queremos seguir creciendo en el deporte. ¡Tú padre de familia, puedes ayudarnos mucho!

Walter Iriarte Blas

Profesor de Ajedrez